sábado, 10 de agosto de 2013

Ese dulce mal, de Patricia Highsmith

Patricia Highsmith, escritora policíaca americana que vivió gran parte de su vida en Europa, debutó con Extraños en un Tren, y a partir de ahí creó una completa galería de personajes tan fascinantes como perturbados, geniales introspecciones psicológicas en gente que hace cosas muy raras y a menudo enfermizas y que, sin embargo (y esto es lo inquietante) de alguna manera te resultan familiares. El protagonista de Ese dulce mal ha sido abandonado por su novia, y vive con esta obsesión. Incapaz de superar el contratiempo, se va deslizando lentamente hacia la locura: se crea una nueva personalidad, compra un piso  que decora con el estilo que le gustaba a la ex-novia, acude a ese piso los fines de semana imaginando que la ex-novia vive con él y son felices. Highsmith plasma de manera genial en sus obras la presencia del mal, de la violencia y el crimen en la entraña de la sociedad contemporánea. En palabras de Graham Greene, Highsmith crea «un mundo propio, un mundo de claustrofobia e irracionalidad en el que nos adentramos una y otra vez con una sensación de peligro personal». De ahí que no sorprenda la atracción que cineastas como Alfred Hichtcock han sentido por su obra (no hay más que ver la espléndida y agobiante película en que convierte la novela Extraños en un tren).

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